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lunes, 3 de septiembre de 2018

Identifican un nuevo tipo de neurona exclusiva del cerebro humano

Un nuevo tipo de neurona –rosehip (rosa mosqueta)– descubierta en la zona más compleja del cerebro humano, y que aún no se ha encontrado en ningún otro animal, podría estar asociada a trastornos neuropsiquiátricos.



Reconstrucción de la neurona rosehip
Reconstrucción de la neurona rosehip. TAMAS LAB / UNIVERSIDAD DE SZEGED

E l cerebro humano es  un órgano muy complejo, y los grandes avances científicos que han permitido conocer un poco mejor su funcionamiento han abierto nuevos interrogantes. Todavía estamos muy lejos de averiguar qué hace tan especial a nuestro cerebro en comparación con el de otras especies animales, pero el hallazgo de un nuevo tipo de neurona, que se ha denominado rosehip (rosa mosqueta o escaramujo) debido a su aspecto similar a este fruto, podría ayudar a descubrirlo.
La neurona que acaba de identificar un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Szeged (Hungría) y el Instituto Allen (EE.UU.), no se había visto antes ni en seres humanos, ni en los ratones que se emplean para realizar ensayos en laboratorios, y aunque no han podido demostrar que se trate de una célula exclusivamente humana, el hecho de que no aparezca en los cerebros de los roedores sugiere que podría formar parte de una serie de neuronas especializadas que solo están presentes en humanos o en cerebros de primates.
El estudio, que se ha publicado en Nature Neuroscience, se realizó con muestras de tejido cerebral post mortem de dos varones de 50 años que habían donado sus cuerpos a la ciencia. Los científicos descubrieron que las neuronas rosehip –que pertenecen a un tipo que se conoce como inhibitorias porque frenan la actividad de otras neuronas cerebrales– encendían un único conjunto de genes, algo que no habían visto en ninguna de las células cerebrales de ratones que habían estudiado.
La neurona rosehip se localiza en la capa superior de la corteza cerebral, responsable de funciones que se consideran exclusivas de la especie humana

La neurona rosehip podría influir en las enfermedades cerebrales

La  rosehip se localiza en la capa superior de la corteza cerebral, la zona más externa del cerebro, que es mucho más grande en las personas en relación al tamaño corporal en comparación con otros animales. Esta estructura es responsable de los procesos conscientes y de diversas funciones que se consideran exclusivas de nuestra especie, y la falta de estas células en los ratones también explica, según Ed Lein, uno de los autores del trabajo, lo difícil que es conformar las enfermedades que afectan al cerebro humano en modelos animales de laboratorio.
Gábor Tamás, neurólogo de la Universidad de Szeged que también ha participado en la investigación, ha explicado que estas neuronas rosa mosqueta solo se unen a una parte determinada de su pareja celular, lo que indica que controlan el flujo de información de manera especializada, y esta es una capacidad que no tienen otros tipos de células.
Aunque no se hayan encontrado estas neuronas en otros animales estudiados en el laboratorio, aún no se sabe si constituyen una particularidad del cerebro humano, pero los científicos que las han identificado pretenden averiguar si se encuentran en otras áreas de este órgano, y analizar su posible influencia sobre los trastornos neuropsiquiátricos, ya que su ausencia en los ratones nos recuerda que los resultados de algunos estudios hechos en cerebros de roedores no se pueden trasladar a los seres humanos.

lunes, 8 de agosto de 2016

El increíble descubrimiento sobre el cerebro que va a reescribir los libros de texto

Hasta hace una semana teníamos la absoluta certeza de que el sistema linfático no llegaba al cerebro. Pero no es cierto. Un hallazgo casual cambia todo lo que dábamos por cierto
Foto: No todo se descubre mirando escáneres cerebrales. (iStock)
No todo se descubre mirando escáneres cerebrales. (iStock)
 
Dicen que los más grandes descubrimientos, aquellos que cambian por completo lo que pensábamos, se realizan por casualidad. Se trata de un lugar común, pero cuando el doctor Antoine Louveau, neurólogo de la Universidad de Virginia, miró a través de su microscopio supo enseguida que estaba ante algo grande.

El investigador estaba desarrollando un método para montar meninges de ratón –las membranas que cubren el cerebro– en una sola lámina, con el objetivo de poder examinarlas en el microscopio. Entonces tuvo su particular momento eureka. Nada más mirar las meninges se dio cuenta de que algo no era cómo debía ser: tenían vasos linfáticos. Algo imposible dado que, como aseguraba un revisión de 2009, es “un hecho anatómico indiscutible” que el cerebro es el único órgano que carece de conexión directa con el sistema linfático.
Después de observar lo que parecían ser vasos linfáticos, Louveau realizó una prueba para comprobar si, en efecto, estaban ante un descubrimiento gigantesco. Y no había duda. Lo imposible era posible.
“El descubrimiento va a cambiar la forma en que entendemos la relación entre el sistema nervioso y el sistema inmunitario”
“La primera vez que me enseñaron el resultado, sólo dije una cosa: 'Van a tener que cambiar los libros de texto'”, ha explicado Kevin Lee, director del laboratorio en el que trabaja Louveau, en la nota de presentación del hallazgo. “Nunca ha habido un sistema linfático en el sistema nervioso central, pero es algo que pareció claro en la primera observación y han hecho muchos estudios desde entonces para apuntalar el hallazgo. Va a cambiar la forma en que entendemos la relación entre el sistema nervioso y el sistema inmunitario”.
“Realmente pensaba que no quedaban estructuras en el cuerpo que no conociéramos”, ha declarado otro de los compañeros de Louveau, el doctor Jonathan Kipnis, que ha colaborado en la investigación publicada en Nature sobre el hallazgo. “Pensé que este tipo de descubrimientos habían acabado en la mitad del pasado siglo. Pero aparentemente no es así”.
A la izquierda el 'antiguo' sistema linfático, a la derecha el 'nuevo' sistema linfático. (University of Virginia Health System)
A la izquierda el 'antiguo' sistema linfático, a la derecha el 'nuevo' sistema linfático. (University of Virginia Health System)

Importantes implicaciones médicas

Hasta la fecha, pensábamos que el cerebro no estaba conectado directamente con el sistema inmunitario, y cuando se encontraban leucocitos en el sistema nervioso creíamos que algo iba mal. Los científicos se han pasado décadas estudiando cómo llegaban al cerebro este tipo de células, algo con importantes implicaciones para todas las enfermedades autoinmunes (de la ELA a la artritis), pero esta investigación cambia por completo todo el campo de estudio.
El hallazgo cambia por completo lo que creíamos saber de enfermedades tan importantes como el alzhéimer
“En vez de preguntarnos cómo estudiar la respuesta inmune del cerebro o por qué los pacientes de esclerosis múltiple tiene ataques inmunológicos, ahora podemos investigar el asunto de manera mecánica, dado que el cerebro es como cualquier otro tejido conectado al sistema inmunitario periférico a través de los vasos linfáticos presentes en las meninges”, explica Kipnis. “Esto cambia por completo la manera en que percibimos la interacción entre el sistema inmune y el neurológico. Siempre hemos pensado que era algo esotérico que no podía ser estudiado”.
El doctor Antoine Louveau. (Josh Barney /University of Virginia Health System)
El doctor Antoine Louveau. (Josh Barney /University of Virginia Health System)
“Para cualquier enfermedad neurológica con un componente inmune estos vasos pueden jugar un importante papel”, continúa el doctor. “Es difícil imaginar que no estén implicados”.
La presencia del sistema linfático en el cerebro plantea un sinfín de preguntas, y cambia por completo lo que creíamos saber de enfermedades tan importantes como el alzhéimer. “En el alzhéimer se acumulan grandes bloques de proteína en el cerebro”, explica Kipnis. “Creemos que pueden estar acumulándose porque no están siendo retiradas de forma eficiente por estos vasos linfáticos”. Aunque hay que hacer muchísimas más investigaciones, los científicos de la Universidad de Virginia ya han visto que los vasos linfáticos del cerebro cambian con la edad, así que su papel en todo lo relacionado con el envejecimiento podría ser clave.

Un secreto muy bien escondido

Todos los científicos están asombrados con el descubrimiento y se hacen la misma pregunta: ¿cómo es posible que los vasos linfáticos hayan permanecido tanto tiempo desapercibidos? Kipnis asegura que los vasos “está muy bien escondidos”, siguiendo el recorrido de un importante vaso sanguíneo que recorre el interior de los senos paranasales, una área que es difícil de explorar. “Está tan cerca del vaso sanguíneo, que simplemente no te percatas de su presencia”, explica el doctor. “Si no sabes lo que estás buscando no lo ves”.
Para montar sus meninges en una sola lámina, Louveau las fijó sin quitarlas del cráneo, para preservar el tejido en su condición fisiológica. Tras esto, las diseccionó. “Si lo hubieramos hecho de otra manera, no habría funcionado”, reconoce el doctor.